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Neera Singh
Canada

Asistí a la primera convocatoria de Biologica, en el año 2017. Fue en el antiguo zoológico de la ciudad de La Plata, que estaba ya en proceso de convertirse en bioparque. Los animales exóticos afectados a un plan de progresivo traslado a su libertad en ámbitos protegidos y el lugar ya tenía el aspecto de un silencioso santuario.  Aproveché la ocasión para ir con mis hijos, que en aquel momento tenían cuatro años. Pude ver, una vez más, el inmenso espacio verde dedicado a la conservación de las especies también vegetales. Estábamos allí reunidos, sentados en el parque, artistas, científicos, y mis chicos, que adoran los árboles. La gente conversaba mientras compartía, naturalmente, el común aire, levemente impregnado del perfume de la hierba en la tarde platense. Algunos tomaban apuntes, otros dibujaban, los chicos jugaban disfrutando del contexto singularmente planificado un siglo atrás del jardín botánico del zoo, mientras Mercedes, la coordinadora del proyecto, llevaba adelante el circuito. Podíamos ver, suavemente bañados por el sol del que nos protegía la sombra de los árboles, nuestros rostros.


Y ahora, entre otras cosas, se interpone entre nosotros el COVID 19.
 

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