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In 2017 I attended the first call of Biological. It was in the former zoo of the city of La Plata, which at the time was in process of becoming a biopark. Exotic animals assigned to a plan to progressively transport them to their freedom in protected areas, and the place already looked like a quiet sanctuary. I grabbed the chance to go with my children, who back then were four years old. I could notice, once more, the great green space destined for the preservation of species, also vegetables. We were all gathered there, sat in the park, artists, scientists, and my children. People chatted while they, naturally, shared the common air, impregnated with the smell of the grass in the La Plata afternoon. Some took notes, others drew pictures, and the kids played enjoying the context of the botanical garden of the zoo, which was especially planned a century ago, while Mercedes, the project manager, went ahead with the circuit. We could see our faces, slightly bathed by the sun from which the tree shadows protected us.

 And now, among other things, the COVID-19 stands in our way.
 

Asistí a la primera convocatoria de Biológica, en el año 2017. Fue en el antiguo zoológico de la ciudad de La Plata, que estaba ya en proceso de convertirse en bioparque. Los animales exóticos afectados a un plan de progresivo traslado a su libertad en ámbitos protegidos y el lugar ya tenía el aspecto de un silencioso santuario.  Aproveché la ocasión para ir con mis hijos, que en aquel momento tenían cuatro años. Pude ver, una vez más, el inmenso espacio verde dedicado a la conservación de las especies también vegetales. Estábamos allí reunidos, sentados en el parque, artistas, científicos, y mis chicos. La gente conversaba mientras compartía, naturalmente, el común aire, levemente impregnado del perfume de la hierba en la tarde platense. Algunos tomaban apuntes, otros dibujaban, los chicos jugaban disfrutando del contexto singularmente planificado un siglo atrás del jardín botánico del zoo, mientras Mercedes, la coordinadora del proyecto, llevaba adelante el circuito. Podíamos ver, suavemente bañados por el sol del que nos protegía la sombra de los árboles, nuestros rostros.


Y ahora, entre otras cosas, se interpone entre nosotros el COVID 19.

Eduardo Karakachoff
Argentina

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